Detox

¿Existe el DÉTOX?

El equilibrio dinámico (homeostasis) que persigue el organismo humano depende del equilibrio entre introducción, transformación y excreción final de las sustancias de desecho. Si las distintas fases van fallando, puede instaurarse un círculo vicioso, donde la excesiva y progresiva acumulación de estas sustancias determinará la ralentización de las actividades de los órganos afectados.

Etimológicamente la palabra “toxina” deriva del latín toxicum (veneno), empleándose el término a menudo para referirse específicamente a compuestos elaborados por algunas plantas, hongos, ciertos animales o bacterias patógenas que son altamente nocivos para otros organismos vivos, que se aleja de la concepción actual de “toxina” que tiene la población general, con amplias y a veces confusas connotaciones, por lo que tal vez el concepto “détox” tendría que replantarse.

Desintoxicación

La concepción estricta de desintoxicación es el proceso de deshabituación de una determinada sustancia, no obstante, dentro del contexto de la Medicina Biológico-Naturista, el concepto de “toxina” se comprende más específicamente como veneno, entendido como cualquier sustancia, que cuando se ingiere, se inhala o absorbe, o cuando se introduce en el cuerpo en cantidades relativamente pequeñas, puede producir, por su acción química, lesión de una estructura o trastorno de una función.

En consecuencia y debido a la gran cantidad de venenos a los que en la actualidad el ser humano se expone debido a malos hábitos higiénico-dietéticos, toxinas ambientales y subproductos metabólicos, con repercusiones contrastadas en la salud del individuo, el concepto de desintoxicación o coloquialmente “détox”, adquiere un significado, ligeramente distinto y a veces polémico, pero con la misma base conceptual, que no es más que facilitar la labor emuntorial de órganos constantemente solicitados por la excesiva exposición a sustancias tóxicas.

Las vías que se utilizan para la desintoxicación dependen de la sustancia en particular, aunque los pasos generales incluyen una conversión a formas  menos tóxicas, el metabolismo o conjugación para producir una forma soluble en agua para la excreción renal, la conjugación con el glutatión para la eliminación gastrointestinal y la unión a  metalotioneínas intracelulares para eliminar metales pesados. Algunos xenobióticos como los contaminantes orgánicos persistentes (COPs) y metales pesados presentan una gran dificultad para su eliminación.

En realidad la base molecular de nuestro organismo, deja poco margen para llamar a un determinado elemento como “tóxico”, de los 118 elementos conocidos, buena parte de ellos son metales, por lo que la interacción con ellos y las posibles fuentes de intoxicación con los mismos son múltiples.

En el suelo existen unos elementos minoritarios que se encuentran en muy bajas concentraciones y al evolucionar la vida adaptándose a estas disponibilidades, ha ocurrido que las concentraciones más altas de estos elementos se han vuelto tóxicas para los organismos. Dentro de este grupo de elementos son muy abundantes los denominados metales pesados.

¿Es necesaria la desintoxicación o la “detoxificación”…?

Es innegable que la industrialización mundial ha originado un marcado aumento en el número de productos químicos a los que los seres vivos estamos expuestos. En la Unión Europea (UE) la legislación sobre sustancias y mezclas químicas es aplicable a todos los sectores de la industria que tratan con estos productos y a toda la cadena de suministro, responsabilizando a las empresas de la seguridad de las sustancias químicas que comercializan.

La Agencia Europea de Productos Químicos (ECHA), ha registrado aproximadamente unas 16.730 sustancias  químicas sobre un total de 120.000 que comenzaron a evaluarse a partir del 20 de enero de 2016, lo que significa que hay miles por ser aprobadas.

Esta agencia dedica un apartado especial a las denominadas “sustancias químicas altamente preocupantes”, dónde se incluyen 169 resultados, siendo algunas de las razones para su inclusión su capacidad carcinogénica, mutagénica, tóxica para la reproducción, o por provocar graves efectos en el medio ambiente, entre otras.

Algunos productos químicos se acumulan en el cuerpo humano y dosis altas pueden ser tóxicas. Dentro de los contaminantes orgánicos persistentes, se incluyen determinados herbicidas, pesticidas, insecticidas organoclorados, bifenil policlorados (PCB), dioxinas o furanos, con una gran lipofilia, son altamente tóxicos para el medio ambiente y los seres humanos, habiéndose comprobado que se acumulan en el tejido adiposo y se han relacionado con disrupciones hormonales, enfermedades cardiovasculares, defectos neurológicos y del desarrollo, enfermedades metabólicas y cáncer.

Los niveles de estos compuestos han ido disminuyendo debido a la prohibición de muchos de ellos y realmente existe mucha confusión en cuanto a sus efectos sobre la salud.

¿Por qué utilizar un producto “détox”?

El cuerpo humano ha desarrollado mecanismos muy sofisticados para la eliminación de sustancias tóxicas. El hígado, los riñones, el sistema gastrointestinal, la piel y pulmones juegan un papel fundamental en la excreción de sustancias indeseables y no es descabellado pensar, que nuestra salud, en su sentido más amplio, está directamente relacionada con una correcta funcionalidad del proceso básico de desintoxicación.

Un buen producto “détox” tendría que tener este hecho presente y ofrecer una serie de componentes que actuasen de modo conjunto y no agresivo sobre los principales órganos y sistemas encargados de la eliminación de sustancias tóxicas y desechos metabólicos.

Si tiene la absoluta certeza que a través de sus pulmones, piel y tracto digestivo en su día a día, no se introduce en su cuerpo ninguna sustancia tóxica, no tiene ningún tipo de desequilibrio a nivel metabólico, articular, de su sistema nervioso, inmunológico o endocrino, realiza ejercicio de modo regular y sigue una dieta equilibrada, pues no tendría mucho sentido utilizar un producto “détox”; ahora bien, si no es así, tal vez este tipo de productos podrían resultarle de utilidad, siempre valorados bajo cada contexto individual.

Productos “détox” y control de peso

Con frecuencia los productos “détox” se sugieren como coadyuvantes en los programas de control de peso.  Una dieta desequilibrada, con elevado consumo de calorías, puede causar obesidad y la obesidad provoca una sobreproducción de radicales libres o especies reactivas del oxígeno (ROS), que son responsables del daño celular.

Por otra parte, durante la última década, la obesidad se ha relacionado con la inflamación. La ingesta de macronutrientes pueden inducir estrés oxidativo y respuestas inflamatorias, lo que quiere decir que cuánto más cantidad de alimentos se ingieren, más radicales libres y más inflamación se generan. Se ha comprobado, que una reducción en la ingesta de macronutrientes en personas obesas (1000 kcal/día durante 4 semanas), puede reducir, tanto el estrés oxidativo, como determinados mediadores inflamatorios.

Del mismo modo, 48 horas de ayuno pueden reducir la generación de ROS en más del 50% en sujetos normales. Claramente, la ingesta de macronutrientes es un regulador importante del estrés oxidativo. Al considerar la inflamación inducida por el consumo de macronutrientes, se puede argumentar que los alimentos que se consumen ahora se han consumido siempre, entonces: ¿por qué su efecto proinflamatorio de repente se muestra relevante…?.

La razón es que las cantidades de alimentos que se consumen son mucho mayores que antes y por otra parte, un gran número de comidas de la dieta media, consisten en comidas rápidas y no contienen suficiente fibra, frutas y verduras.

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Mejora de la función intestinal con productos “détox”

El intestino hace una importante contribución a la desintoxicación de xenobióticos (aditivos alimentarios, productos químicos industriales, pesticidas, fármacos de síntesis química…). El estreñimiento afecta al 14% de la población adulta en todo el mundo, constituyendo un fiel indicador del estado de salud global. El tratamiento del estreñimiento puede ser un reto.

Las modificaciones del estilo de vida, tales como el aumento de la ingesta de fibra dietética, se recomiendan como tratamiento de primera línea y en el contexto de la desintoxicación mejorar la función intestinal y estimularla, llegado el caso, debería sr una de las principales acciones de un producto “détox”.

Mejorar el drenaje renal

Durante el proceso de filtración de los productos residuales de la sangre, los riñones pueden exponerse a concentraciones elevadas de sustancias tóxicas exógenas y endógenas, hasta tal punto, que algunas células renales están expuestas a concentraciones de toxinas mil veces superiores a las sanguíneas. Es muy común encontrar plantas medicinales con una preferente acción diurética, en los productos “détox”, pero es importante valorar que no estén formulados únicamente a partir de plantas con esta acción.

Mejorar la función hepática

El hígado es la mayor glándula digestiva del cuerpo y juega un papel básico en el metabolismo. Es también responsable de realizar diversas funciones fundamentales para la supervivencia, incluyendo la desintoxicación. Aunque en los hepatocitos se realizan la mayor parte de las más de 1.500 reacciones bioquímicas que tienen lugar en el hígado, su estructura está orientada a la depuración, empezando por su organización a nivel vascular.

El hígado es el principal responsable de la detoxificación de sustancias tóxicas y durante la fase I se producen moléculas muy reactivas, aunque sea el metabolismo energético el gran productor de radicales libres, principalmente el derivado de las especies reactivas del oxígeno (ROS). El gran contenido en flavonoides y otros fitoquímicos antioxidantes presentes en plantas tradicionalmente usadas como protectoras hepáticas y con frecuencia incluidas en productos “détox”, como la cúrcuma, el cardo mariano, la alcachofa o el diente de león,  proporcionan efectos beneficiosos sobre el estrés oxidativo del hígado.

En cuanto a los antioxidantes endógenos, la glicina y cisteína son dos de los tres aminoácidos que intervienen en la síntesis de glutatión, el antioxidante endógeno por excelencia. Asegurar los niveles de glutatión es una garantía en el control del estrés oxidativo.

¿Los productos “détox” funcionan…?

Si por el momento, para la medicina convencional es un aspecto poco significativo, en el contexto de la Medicina Biológico-Naturista, desde la Homeopatía a la Fitoterapia, pasando por los sistemas de medicina tradicional China, Ayurvédica, Unani, Persa… o “la purgación del cuerpo cargado de humores pecantes, roto el equilibrio humoral..” según la más directa tradición hipocrática, llegando a la Homotoxicología, la desintoxicación o el “drenaje”, representa una intervención esencial para permitir al cuerpo volver a encontrar su propia eficiencia fisiológica.

El medio interno, es un término introducido a finales del siglo XIX por Claude Bernard para designar el líquido (líquido intersticial, sangre, linfa, transcelular: cefalorraquídeo…) que baña todas las células y que posee una composición muy parecida en todos los tejidos. Nuestro organismo no es más que un cuerpo acuoso continuo.

El agua se difunde por todas las áreas corporales formando un mar con distintas sustancias disueltas, pero manteniendo concentraciones salinas semejantes en los distintos compartimentos. Esta estabilidad hace posible nuestra vida más o menos libre.

Estos elementos bioquímicos, no sólo están presentes en el organismo humano sino en todo lo que le rodea, formando en conjunto parte de un “todo” íntimamente ligado que busca en términos generales un estado denominado homeostasis, que en efecto; no sería más que la tendencia del organismo a mantener constante el medio interno.

En realidad, la visión del organismo en términos de equilibrio, significa adaptarse continuamente al entorno. Para mantener el equilibrio, la salud, la vida, el ser humano debe adaptarse al medio externo. Pero para ello, los mecanismos implicados en mantener el orden del medio interno han de funcionar correctamente.

En el cuerpo humano incesantemente transitan notables cantidades de toxinas, tanto exógenas (virus, bacterias, toxinas alimentarias, fármacos, metales pesados y componentes físicos y químicos de variados  orígenes),  como endógenas (productos intermedios de los procesos metabólicos).

Estas toxinas, en parte son biotransformadas y posteriormente eliminadas por los principales emuntorios (piel, intestino, pulmones, riñón, hígado) y en parte, serán almacenadas en la matriz extracelular, punto de llegada y salida de informaciones nerviosas, endocrinas e inmunitarias.

Desde aquí, toxinas y desechos metabólicos son expulsados cotidianamente por el sistema linfático que, en condiciones fisiológicas, consigue eliminar los desechos acumulados. Estas sustancias, movilizadas a nivel del tejido conectivo, tendrán que ser transportadas a la red linfática y de aquí, canalizadas hacia los órganos encargados de su procesamiento y eliminación.

La eficiencia de éste sistema de flujo y por tanto del trabajo de “limpieza” depende del correcto funcionamiento de los órganos excretores y por consiguiente, por una menor presencia menor de aglomeraciones, interrupciones, alteraciones e insuficiencias.

Atrás ha quedado la concepción que la función del intestino grueso era absorber agua y sales y retirar los restos de alimentos digeridos. Día tras día, se va acumulando evidencia que el origen y evolución de muchos trastornos se correlaciona en gran medida con el complejo ecosistema intestinal.

El intestino delgado participa en todos los aspectos de la digestión, absorción y transporte de alimentos, recibe las secreciones del páncreas, el hígado y la vesícula biliar, pero al mismo tiempo está expuesto constantemente a una elevada carga antigénica procedente de la dieta y las bacterias intestinales, constituyéndose, sin duda, en la pieza clave del sistema inmunitario.

El hígado es una glándula con múltiples funciones y en términos de sofisticación biológica sólo es ligeramente excedido por el cerebro; su papel es fundamental para la regulación del metabolismo, sintetizar proteínas, almacenar minerales y vitaminas, degradar hormonas e inactivar y excretar numerosos y variados compuestos tóxicos, está localizado estratégicamente para recibir la mayoría de los antígenos que ingresan al organismo a través de la sangre del sistema digestivo y por tanto, también participa activamente como un gran órgano inmunológico.

Las relaciones intestinales y hepatobiliares no sólo obedecen a obvias cuestiones anatómicas y fisiológicas, también existe una fuerte conexión tanto de los trastornos propios de estos sistemas, como de las manifestaciones extradigestivas, que a menudo se sirven del sistema intestinal, hepático, renal, pulmonar o dérmico, para reflejar o expresar sus alteraciones, su normal funcionamiento y coordinación es una pieza clave en la salud en su sentido más amplio.

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